lunes, agosto 13, 2012

HASTA LUEGO, MARU

HASTA LUEGO, MARU



Jose me ha pedido que te escribiese unas líneas. No se a dónde dirigirlas, porque te has marchado y no nos has dejado dirección. O sí, a veces la vida se pone tan difícil, que hasta esas cosas se dudan. Te has quedado junto a la abuela Basilia, en Santa María, no te has ido demasiado lejos. A la sombra del castillo, y mirando Atienza desde arriba, ¡con poderío!

Imagino que la abuela te abrá recibido con los brazo abiertos. ¡Menuda era la Basilia! Y supongo que a estas horas, cuando por aquí te comenzamos a echar en falta, estarás tan ricamente junto a ella, escuchando todas aquellas historietas que contaba. Claro que tú, a la hora de hablar, tampoco te quedabas corta, al menos así te recuerdo yo, aunque los años nos van cambiando y nos hacen madurar y a veces hasta nos cambian el carácter. A ti no, porque eras Velasco, de esos Velasco de: “Antes que Dios fuera Dios y los peñascos, peñascos, los Velasco eran… Velasco”. Creo que atravésabamos el arco de San Juan cuando te lo dije por última vez, y después de repetirlo tantas veces, todavía no te habías quedado con la copla. Como con aquella del Piyallo, con la que tantas risas nos echábamos, cuando estábamos en edad de echarnos risas.

Tengo una foto tuya, de la primera vez que asististe como pastorcilla en los reyes de Atienza, pero no la pongo, me ibas a echar a la bronca, porque te saqué un poco mal, bueno, con aquellas pedazo de gafotas que no te gustaban. Prefiero recordarte con esa risa que llenaba la calle Real y el barrio entero de San Gil, en esa Atienza que hoy ha ido a decirte: ¡Allí nos vemos!

Eso si, Maru, lo has puesto difícil, a tu marido, a tu hijo, a tus padres, a tus hermanos, a todos esos amigos que hoy nos preguntábamos ¿Por qué?, pero el corazón tiene esas cosas, a veces, de tan grande, no nos cabe en el pecho y… Claro, si lo hubieses sabido, pero estas cosas son así. Alguien con más poder te llamaba a su lado, y has acudido a esa llamada, porque no había otra.

Casi no me acuerdo del día que naciste, era demasiado chico, pero ya ves, me acuerdo del bautizo, del normal, y del Pascual. La calle entera se llenó de caramelos, que el Manín y la Maruja, cuando se ponían… Y de tus carreras por la calle Real cuando la abuela Basilia tenía la tienda abierta, y tus correrías, organizando fiestas y… muchas cosas. También alguna merendola por las cuevas, o por la Estrella. Que en aquellos tiempos nos divetíamos así, marchando de merienda.

Siempre parece que tenías prisas por hacer cosas, o dicho de otra manera, por atender a todo el mundo, debe de ser carácter de los Velasco. A veces es bueno, pero en ocasiones… Has sido de las primeras de tu generación en marcharte, ya, para prepararnos el camino y que cuando los demás lleguemos encontremos un apartamento a nuestro gusto en ese nuevo mundo. Siempre tan atenta con todos.

En eso quedamos, cuando nos encontremos por allá arriba espero que nos tengas un buen alojamiento.

Eso si, Maru, acuérdate de los tuyos. De vez en cuando echa un ojo a tus padres, a tus hermanos, a tu marido, a tu hijo… Por aquí no te olvidarán, así que ya sabes, no te queda otra que desde por ahí arriba echarles una mano, se han quedado bastante… Te puedes figurar. Claro, ¡qué ibas tú a saber!

Hoy no te hemos dicho adiós, o sea que no nos hemos despedido, como tú no te despediste de nadie, así que, solo puedo decirte ¡Hasta luego! Por allí nos veremos. Te aseguro que tu risa limpia, no va a faltar en la calle Real. Son cosas que se quedan agarradas a los paredones de nuestras casas, y de nuestras vidas.

No quiero cansarte, se que hoy será un día de muchas, de demasiadas emociones. Por allá todo nuevo, y con tanta gente por saludar… Pero, te repito, no te olvides de los que han quedado por aquí.

¡Hasta luego, Maru!

 
T. Gismera Velasco