martes, marzo 24, 2015

ISABEL MUÑOZ CARAVACA Y LOS DERECHOS DE LOS MAESTROS.



ISABEL MUÑOZ CARAVACA Y LOS DERECHOS DE LOS MAESTROS.

   Para Isabel Muñoz Caravaca, el maestro ha de ser, ante todo, amigo del alumno, al que ha de respetar para obtener su respeto, oponiéndose por tanto al castigo físico, tan en boga en la época: “el castigo en las clases es el mas antipedagógico de los procedimientos, sus resultados son negativos. No hay motivo jamás para pegar a un niño, para encerrarlo, para maltratarlo. Respetar a los niños. Lo mismo un maestro, que uno que no lo es, puede ser, por sus instintos inhumanos, un delincuente. Con los niños tenemos contraída la inmensa responsabilidad de educarlos, y esto no se consigue pretendiendo vengar en ellos nuestras humillaciones y nuestro abatimiento voluntario”.

   Su queja constante, que los maestros no están bien considerados: “Convengamos que los maestros, al menos los maestros españoles, no tenemos suerte. Hemos sido durante largo tiempo risible modelo para los caricaturistas”.

   Esa es únicamente una de sus muchas opiniones.
   “Se ha dicho, hasta abusar del concepto y de las palabras, que los maestros tenemos la misión de formar a los pueblos. Derechas saldrán, como dos y dos son veinte las masas de población formadas de víctimas pacientes de cosas como estas que nos hace aparecer sin quererlo y sin pensarlo, en plena y perpetua irregularidad”.

   Del mismo modo que reclamará, permanentemente para los maestros, incluso dirigiéndose al ministro del ramo (en esa ocasión el conde de Romanones), un salario digno que hasta ese momento no han tenido: si los sueldos son mezquinos que se aumenten, si son suficientes sufran sus descuentos como los demás sueldos del Estado; si se nos quiere privilegiar sin descuentos, venga el privilegio, pero no a consta de otro.

   Su pensamiento es que los maestros de primera enseñanza forman una de las colectividades más dignas; su misión es quizá la más honrosa de todas las misiones, por nuestras manos pasan también los que, sin ser sabios, han de formar la inmensa masa social sabiendo leer y escribir, capaz por su número de hacer que se clasifique a la nación como ilustrada o como atrasada.

   Su concepto de la enseñanza es igualmente innovador: “Yo no podía hacer comprender a mis alumnos que 10 por 10 por 10 son 1000, al punto de hacerles admitir que  un decímetro cúbico contiene mil centímetros cúbicos, hasta que hice construir mil piececitas de a centímetro y se las di para que jugasen con ellas”.

   Y luchará permanentemente, a través de Flores y Abejas, por la dignificación de una profesión, en muchos casos mal mirada: “somos los últimos, los desgraciados, los desheredados, casta inferior dentro de una sociedad que no reconoce castas”.

   Del mismo modo que celebrará que, por fin, en 1902, las maestras puedan pasar a formar parte de las Juntas de Enseñanza, hasta entonces dirigidas única y exclusivamente por los hombres, las mujeres en las juntas. “He aquí una variante felicísima de este eterno motivo de censura de los hombres contra las mujeres. Las que matan, las que escriben, las que cumplen su deber de mujeres y de madres, pueden ser las vocales en las juntas campo espacioso donde pueden ganar las más generosas batallas, los principios de cultura, de moralidad, de igualdad, iniciados por la intervención de las madres de familia. Esto es largo”.