jueves, marzo 26, 2015

LA PASION SEGUN GUADALAJARA.



LA PASION SEGUN GUADALAJARA.
(Conferencia en la Casa de Guadalajara en Madrid, abril 2002)

Tomás Gismera Velasco.

   Hablar de Semana Santa en los pueblos de Guadalajara es hablar de recuerdos, sentimientos y tradiciones que nos traen la memoria de nuestra niñez más o menos lejana y que, el paso del tiempo, ha ido relegando en muchos, en demasiados casos, al olvido, empujados por nuevas modas y costumbres que nos llevan en esos días de descanso vacacional, a las playas o a realizar viajes más o menos exóticos, conforme a los gustos que nuestra sociedad ha ido imponiendo, e incluso a ver o conocer procesiones o Semana Santas de otras ciudades, que por su puesta en escena atraen a un gran número de turistas que por unos días convierten esas ciudades de la vieja Castilla o de Andalucía principalmente, en auténticos hervideros humanos ávidos de contemplar no ya los desfiles procesionales con sus largas filas de penitentes, también esas imágenes, verdaderas obras maestras de siglos pasados que por su realismo nos encogen el corazón, y como no podía ser menos, el espectáculo de la puesta en escena del trabajo de cofradías, organismos y corporaciones, aunados en pos de magnificar el sentimiento de sus poblaciones respectivas, en el gran teatro de sus calles principales.

   Nuestra Semana Santa, la de nuestros pueblos, es más sencilla, más íntima, porque está hecha para nosotros, a nuestra medida, sin la necesidad u obligación de miras turísticas, pero no por ello resulta menos llamativa, menos atrayente a nuestros ojos, a nuestros sentimientos, pues como antes decía, más que otra cosa lo que durante esos días vivimos, aparte claro está del sentimiento religioso tan arraigado en nuestros pueblos, lejos de fanatismos y falsas interpretaciones, nos lleva a recordar las escenas de nuestra infancia, los sonidos de las carracas, el silencio de las campanas, la escena siempre grave de ver las imágenes de nuestras iglesias cubiertas por cortinones negros o granates, con la presencia constante de un penetrante olor a cera, el bisbiseo de los rezos y el penitente desfilar de crucificados y dolorosas camino de la ermita de la Soledad o del Humilladero, cuando rayando la noche apenas se distingue otra cosa en nuestros caminos que los ramajes de las acacias, despertando ya a la llamada de la primavera.

   La Semana Santa, que concluye en la Pascua, la fiesta de todas las fiestas en el orbe católico, tal y como hoy la conocemos o celebramos, quedó ordenada en el Concilio de Nicea del año 325, donde se dictaminó que se celebrase en el plenilunio posterior al equinoccio de primavera, con una oscilación de fechas comprendidas entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Y aunque muchas de las manifestaciones características de éstos días fueron uniéndose con posterioridad a los distintos oficios, es por aquellos años cuando comienza a adorarse la Santa Cruz el día de Viernes Santo en Jerusalén.

   No obstante la Semana Santa tradicional, de procesiones y penitentes, todavía tardará bastante tiempo en tomar forma definitiva. Son muchos los estudios que ponen una fecha, 1260, y un país, Italia, cómo punto de partida, pues por esos años comienzan en aquél país las procesiones penitenciales que recorren las calles de las ciudades populosas, y en Alemania, tras la peste negra de 1348 comenzaron también a salir a las calles los penitentes, entonando cantos de alabanza a la Pasión de Jesús. Pocos años antes, en 1342, la orden franciscana, encargada desde entonces de la custodia de los Santos Lugares, había instituido la práctica del rezo del vía crucis a través de los mismos lugares por los que discurrió la Pasión y muerte de Jesucristo.

   En España, país católico y de acentuadas creencias, comenzaron a hacerse representaciones escenificando la Pasión y muerte de Cristo a partir del siglo XIII, en Mallorca, donde se redactó y escenificó La Tragedia de la Pasió, y un siglo más tarde en Valencia, tendría lugar El Misterio de la Pasión, tras estos vendrían muchos más, que están en el origen de las actuales representaciones de la Pasión Viviente que en la actualidad tienen lugar en gran número de poblaciones de dentro y fuera de nuestra provincia.

   Pero haciendo repaso al origen de algunas de nuestras costumbres, me queda por decir que los penitentes y disciplinantes en las procesiones de jueves santo y viernes santo, posteriormente extendidas al resto de los días de la Pasión, fueron autorizadas por vez primera en España en 1394 en el reino de Aragón por Juan I, y comenzaron a crearse las primeras cofradías de la Vera Cruz, en el siglo XV, siendo estas las encargadas de velar el Santo Sepulcro, la imagen del cadáver del Cristo Yacente, y ya en tiempos de los Reyes Católicos, se generalizó en las principales ciudades castellanas el uso de capirotes que ocultaban la identidad de los penitentes en las procesiones, utilizándolo ellos mismos el día de Viernes Santo, entonces denominado Viernes de la Cruz, y aún continuaron innovándose nuevas manifestaciones, como el lavatorio durante los oficios de Jueves Santo, que en pocos años alcanzaría un gran significado dentro de los actos cuaresmales, hasta el punto de participar de ellos el propio emperador Carlos I, cuando encontrándose en Mantua en 1529, quiso humillarse y ser él, entonces uno de los hombres mas poderosos de la tierra, quien se arrodillase ante doce mendigos elegidos para la ocasión. A éstos, reclutados en las calles de Mantua, se les aconsejó lavarse antes de asistir a la iglesia. Una vez en el templo uno de los capellanes del emperador los volvió a lavar, repitiendo el acto uno de los obispos, que los colocó en el orden en el que había de encontrarlos el emperador, que llegado al templo y durante los oficios, repitió el gesto de Jesús que relatan los Evangelios.

   Pero adentrémonos tras ésta sencilla introducción en nuestra Semana Santa, la Semana Santa alcarreña, la de nuestros pueblos, cargados de costumbres, de ritos y tradiciones, muchas de ellas, para desgracia de generaciones futuras, han quedado en el olvido, y digo para desgracia, porque aún alejándonos del rito religioso, hubo y hay modas y vivencias que pertenecen no ya al folclore o costumbrismo de nuestros pueblos, también lo hacen de igual manera a las formas de vida de nuestros antepasados, formando por tanto parte de nuestra herencia cultural, sin entrar en fanatismos religiosos o creencias mas o menos acentuadas.

   Bien podría decirse que en muchos casos la conmemoración de la muerte de Jesús comienza al final de la celebración de su nacimiento. Como casi todos sabemos, las fiestas, en la mayor parte de los casos religiosas, están inevitablemente unidas a la vida y hechos de Jesús y de los santos de la iglesia católica, y la Semana Santa tradicional, en una sucesión de días anteriores y posteriores a los que podríamos considerar cumbre, no está ajena al calendario cristiano. Tiene su comienzo oficial tras el carnaval, la preparación, digámoslo así, para el silencio, ayuno y recogimiento, tras la burla, la gula y el exceso, no obstante, con anterioridad ya hemos tenido festividades que de una u otra manera comienzan a recordarnos la muerte y resurrección de Jesús.

   Conforme al calendario variable del que antes hablé, tras el llamado en muchos municipios Domingo de Gallo, tras el lunes y martes de carnaval, el miércoles de ceniza es el punto de partida oficial para el silencio y el recogimiento de los días y semanas venideros, el arranque oficial, por decirlo de alguna manera, de la Semana Santa tradicional, y a pesar del amplio abanico que en cuanto al costumbrismo local existe sobre el carnaval o los preludios de la Pasión, confieso que son escasos nuestros pueblos que guardan alguna he encontrado únicamente una tradición relativa al miércoles de ceniza, la de Los Chocolateros de Cogolludo, donde cuatro mozos vestidos de blanco y ocultando sus rostros con paños o bolsas de tela, blancos también, recién iniciado el ayuno, recorren las calles del pueblo encarnando el papel de diablillos tentadores ofreciendo a quienes se encuentran chocolate caliente, chocolate que llevan en orinales o braseros, y calientan en hogueras que se encienden por las calles. Sí hay sin embargo multitud de costumbres relativas al domingo siguiente, primero de los cinco anteriores a la cuaresma, y primero también de los días en los que comienzan a ejecutarse los cantos cuaresmales, que con ligeras variantes son comunes a un gran número de poblaciones en las que las mujeres cuaresmales, mozas del santo, mozas del santísimo o mozas ramas, salen pidiendo por las calles, con el fin de reunir productos o dinero, que faciliten la compra de cera o aceite con los que alumbrar el Monumento de Jueves Santo.

   Estas mozas, definámoslas así, unificando en una todas las denominaciones, se nutren de un amplio repertorio de cánticos que entonan ante las puertas de los vecinos o ante los forasteros que acuden por esos días a la población, y constituyen sin lugar a dudas uno de los preámbulos más significativos de nuestras costumbres. Entre sus cánticos, y comunes en casi todas las poblaciones donde salieron en tiempos pasados, pues en muchos pueblos y a causa de la emigración han quedado en el olvido, y en los que actualmente se siguen representando apenas si lo hacen en uno o dos días de la cuaresma, especialmente el domingo de ramos, no faltan los títulos de El reloj, la baraja o el arado, cuyas letras conocidas por la práctica totalidad de las mujeres del pueblo, alude a la pasión y muerte de Jesús, adaptando los distintos momentos del vía crucis a las cartas, las horas o las piezas del arado, y no resulta extraño encontrar semejanza en las distintas canciones porque muchas de ellas fueron llevadas de pueblo en pueblo por los maestros o sacerdotes que recorrieron aquellos como parte de sus destinos.

   En el entorno del Alto Rey por ejemplo, son las mismas letras porque el cura de Bustares, procedente de la Campiña, mediado el siglo, los enseñó en éste y pueblos aledaños como El Ordial, Prádena o Aldeanueva de Atienza, lugares a los que acudía a decir los oficios. A Peralveche llegaron de manos de otro cura que procedía de Gascueña de Bornoba, a Orea de otro que llego de Alcoroches,  (poner aquí lo de la maestra, buscar el pueblo donde era y de donde venia), y así podríamos ir enlazando unos con otros hasta llegar sin lugar a dudas y si ello fuese posible, que no lo es, al punto de partida original.

   Hablaba antes de los maestros y de las maestras que también con más o menos arte están en el origen, transmisión o enseñanza de otros muchos cánticos, a veces nuevos y otras adaptaciones de sus lugares de origen, dándose también casos curiosos como el conocido en Campillo de Ranas en 1949, donde la maestra de la localidad escribió para las mozas del pueblo las letras de las distintas canciones petitorias, añadiendo para ese año una nueva de bienvenida al señor Gobernador Civil de la provincia que iba a visitar el pueblo y participar de su Semana Santa el día de Jueves Santo.

   El Canto al Gobernador que todavía recuerdan las personas de mayor edad del municipio, fue ensayado durante varias semanas, pues aunque sencillo es bastante largo, y decía entre otras cosas:

Con permiso del alcalde
y toda la autoridad
al señor Gobernador
hemos venido a cantar
al señor Gobernador
la licencia le pedimos
estas humildes muchachas
que a sus órdenes venimos.

   Seguía con la clásica petición de la limosna correspondiente y concluía con la despedida:
Ustedes perdonarán
si hemos cometido faltas
tenemos poca enseñanza
y somos poco letradas.
De todos nos despedimos
con alegría y contento
por venir este señor
a visitar nuestro pueblo-.

   Lo anecdótico del caso está en que tras salir todo el pueblo a recibir al Gobernador a la entrada del municipio, encabezando el recibimiento las autoridades, y tras ellas todos los chiquillos de la escuela arropando a las mozas preparadas para cantar, vestidas con sus trajes serranos, el Gobernador no apareció por allí.

   Pero al margen de anécdotas semejantes, y como anteriormente decía, las mozas del Santo, han sido en gran número de nuestros pueblos una señal del comienzo de la cuaresma, en Ocentejo, por ejemplo, el primer domingo de Cuaresma las mozas iniciaban su ronda cantando en el altar mayor de la iglesia "Los Mandamientos de Flores":

Los mandamientos son diez
sus palabras son ejemplos
que nos ha enviado Dios
para Gloria de sus templos.

   En San Andrés del Congosto salían 5 o 6 chicas organizadas por dos mayordomas portando un crucifijo, y el ramo, adornado con cintas, estampas y medallas, recorriendo no solo su pueblo, sino también los aledaños. En Solanillos del Extremo cantaban y pedían "para Dios", el primer domingo desde el altar de la iglesia y los restantes por las casas, vestidas de luto y llevando un crucifijo con cintas también negras. En Sotodosos también eran seis las mozas elegidas, entre las solteras, quedando libres de aquél servicio las huérfanas, hijas de madres enfermas y pastoras, éstas  por motivos de trabajo, las otras porque se suponía debían de ayudar en sus casas o atender a su familia, en un servicio que era prácticamente obligatorio. En Campillo de Ranas pedían con una cruz de flores y dos canastillos donde depositaban las limosnas, por lo general huevos, recibiendo habitualmente dos, uno para el Señor y otro para ellas, que como en otros muchos lugares se empleaba en la fiesta que éstas celebraban el domingo de Pascua. Y así podíamos seguir por toda la provincia, por Robledillo de Mohernando, La Huerce, Gualda, Corduente, Cendejas de Padrastro, Humanes, Cogolludo, Bustares, Bujalaro, El Bocígano, Barriopedro, Arbeteta, Arbancón, Villanueva de Alcorón, Valtablado del Río, y tantos otros pueblos cuya relación sería casi interminable.

   Actualmente, y como antes dije, apenas son media docena las poblaciones que mantienen la costumbre, a medias, puesto que suelen salir el domingo de Ramos, acompañando ocasionalmente las procesiones de Jueves y Viernes Santo, en años pasados incluso en algunos pueblos las presidían vestidas de negro riguroso, concluyendo sus festividad el día de la Pascua, con una fiesta que celebraban entre ellas en casa de la Mayordoma, pagada con los productos que habían recaudado para tal fin. En cuanto al apunte que antes hice sobre la obligatoriedad de pertenecer sucesivamente a éstas mozas ramas, o del santo, solían ser nombradas entre las jovencitas del pueblo por el cura, la maestra o el alcalde, actualmente, donde se representan lo hacen voluntariamente, o son elegidas entre las mozas que han participado en las fiestas, por ejemplo en Robledillo de Mohernando suelen ser la reina y damas de honor de las fiestas patronales.

   Pero volvamos al tema. Si durante los cinco domingos de Cuaresma hemos tenido ya éstas manifestaciones previas en las rondas petitorias de las Mozas del Ramo o del Santo, el Viernes de Dolores es uno de los días más significativos en cuanto al comienzo oficial, digámoslo así, de la Semana Santa alcarreña.

   Son y fueron muchas las localidades que en éste día procesionaron los pasos de su Semana Santa desde las ermitas en las que se guardaron durante todo el año, hasta sus respectivas iglesias  parroquiales, donde comienzan a ocupar el lugar privilegiado que durante éstos días les corresponde, no faltando, claro está. la dedicación del día a la Virgen de los Dolores, patrona incluso de algunos municipios como la villa de Atienza, que al caer la noche la saca en procesión por sus calles, haciendo un recorrido inverso al del resto de las procesiones, mientras las de la Semana Santa salen de la iglesia por la puerta trasera y recorren la villa de derecha a izquierda, esta lo hace por la puerta principal y de izquierda a derecha. Lógicamente el pasar del tiempo ha dejado en el olvido manifestaciones y costumbres que en años pasados fueron forma y sentido no solo a manifestaciones religiosas, también a muchas fiestas civiles. En el caso de Atienza que ahora comento y en el transcurso de ésta procesión, no causaba extrañeza escuchar por las calles sonido de disparos, que venían a decir que la villa vigilaba el paso de su Virgen. Esta imagen de la Dolorosa atencina, y puesto que soy de allí permitaseme la aportilla, es una de las de más bella factura de la provincia, y es una réplica exacta de la Virgen de la Soledad de la Paloma de Madrid, y como tal llego a Atienza, su cambio a Dolorosa llegaría un siglo después de su llegada. Fue regalada a la villa por un ilustre atencino, Juan de las Huertas, cerero de la reina María de Orleans, quien a su vez se la había regalado a él en 1679, y nuevamente la anécdota en el rosario de faroles que acompaña la procesión, rosario del que hoy se conservan casi todas sus piezas, restauradas en los últimos años, y que fue regalado a la patrona por otro hijo de la villa, el político Bruno Pascual Ruilópez, en el primer tercio del siglo, como respuesta al conjunto de faroles que un jugador de naipes afortunado, dicen que al desaparecido juego que llamaban La Banca, habían donado al casino de la villa para que luciese al paso de la procesión.

   Un punto importante en todas las festividades sean del tipo que sean y en esta no lo podía ser menos, es la gastronomía, con productos característicos de cada región, por supuesto en la nuestra, patria de la miel, esta está en platos y postres esencialmente de muchos de nuestros pueblos durante estos días, muchos de los cuales comienzan a elaborarse en torno al domingo de ramos, escabechados y limonadas principalmente, que necesitan reposo y maceración, y desaparecen del menú diario como no podía ser menos, las carnes y embutidos de nuestras tradicionales matanzas, para pasar a degustar las patatas con bacalao, los huevos verdes en Milmarcos, las rosquillas fritas en Brihuega, los matambres de pan y leche en Atienza, las torrijas con leche, vino o miel en cualquier pueblo de la provincia, y por supuesto, y como antes decía, la limonada, o zurracapote, como la denominan en algunas localidades, con Trillo a la cabeza.

   Otro de los puntos importantes de la Semana Santa, básico podríamos incluso decir para el desarrollo de algunos de sus actos, con las cofradías, casi todas ellas centenarias, pues sus orígenes en la mayoría de los casos se remontan a los siglos XV y XVI, si bien de una gran mayoría no quedan de su fundación pruebas documentales que acrediten este extremo sabido y atestiguado en la mayoría de nuestros pueblos.

   Vera Cruz, Santo Sepulcro, Del Señor o del Dulcísimo Nombre de Jesús Nazareno, en Milmarcos, documentada ésta desde 1607. Si en otras provincias y ciudades por éstos días sus respectivas cofradías preparan sus pasos, túnicas o capirotes, en nuestros pueblos preparan sus capas castellanas y sus iglesias, y en otras muchas ocasiones aportan fondos para construir una carroza o adquirir una nueva imagen, pues hemos de tener en cuenta que en muchas poblaciones de la provincia y durante los años de nuestra desgraciada guerra civil de 1936, de muchas iglesias desapareció prácticamente todo, y durante los años sucesivos a su conclusión fueron adquiridos en muchos municipios retablos e imágenes con los que revestir nuevamente los templos que habían quedado desiertos, conociéndose a partir de entonces un interminable rosario de anécdotas y devociones para su adquisición. Uno de los casos más representativos lo encontramos en Sigüenza, donde únicamente se libró de la quema la talla del Cristo Yacente que sale en la procesión del Santo Entierro. A fines de los años sesenta y para la procesión del Domingo de Ramos, se adquirió por suscripción popular el conocido paso de La Borriquilla, la inmensa mayoría de los seguntinos aportaron entonces una peseta, no se pedía más.

   Y puesto que estamos en el domingo de Ramos, echemos un vistazo a éste día, que suele ser dentro de la Semana, un domingo del que participa mayoritariamente el público infantil en las diferentes procesiones que tienen lugar por toda la provincia. Un conocido refrán popular dice "que quien no estrena el domingo de ramos pierde las manos", evidentemente hace referencia a asistir pulcramente vestidos a la función dominical, aunque seremos muchos los que recordemos el ir ese día de estreno, aunque fuesen unos sencillos calcetines, para encontrarnos el atrio de la iglesia cubierto de ramos de olivo, de brezo,m de tomillo, u ocasionalmente acebo o boj, como en Alustante, ramos de boj que eran traídos del bujedal de Piqueras. Ramos que tras su bendición quedaban situados en un lugar preferente de las casas como remedio y prevención de ciertos males. Las autoridades locales de muchos de nuestros municipios eran portadores de grandes palmas traídas de Levante, que durante el resto del año colgaban de las ventanas o balcones de sus casas, produciendo la misma prevención, y señalando además la dignidad de sus moradores.

   Este domingo además de la bendición de los ramos y las ocasionales procesiones, y digo ocasionales porque son contadas las poblaciones que llevan por sus calles el conocido paso de La Borriquilla o de la Entrada de Jesús en Jerusalén, tiene sin embargo señas propias en una docena de poblaciones, podríamos enumerarlas todas, pero como sería cansado para todos y el tiempo es limitado, ustedes se aburrirían y yo me quedaría sin voz, vamos a fijarnos en tres, que sirvan como muestra del mapa provincial, Robledillo de Mohernando, Málaga del Fresno y Luzaga.

   En Robledillo de Mohernando éste es el día por excelencia de las actuaciones de Las Mozas Ramas, que tras haber hecho sus rondas por el pueblo, aquí son tres, vestidas de gala, llevando una el ramo, adornado con cruces, estampas y lazos, y las otras dos sendas espadas castellanas, igualmente adornadas, asisten al oficio, entonando un larguísimo canto que comienza a las mismas puertas de la iglesia:

A la puerta de la iglesia
tres mozas hemos llegado
a darle mil alabanzas
al Dios que nos ha creado.

   Son sin lugar a duda alguna las protagonistas de la función, aunque con ciertas innovaciones a lo largo de los últimos años, pues se diferencian bastante las actuaciones y gestos que tienen lugar hoy en día con las que nos dejó escritas nuestro paisano y gran estudioso de nuestro folclore, Sinforiano García Sanz, nuestro Sinfo.

   Protagonistas son también las Mujeres Cuaresmales en Málaga del Fresno, donde acompañadas de los chiquillos y portando ramos de olivo de los que cuelgan roscas y hornados, recorren las calles en procesión entonando el canto titulado "La Oveja Perdida":
Oveja Perdida
atiende a los silbos
que te da amoroso
el pastor divino.

   Y en Luzaga, la víspera del domingo de ramos los mozos cortan un ramo de encina del que cuelgan roscas, naranjas y limones. Este ramo es llevado a la iglesia para ser bendecido durante la función, y concluida esta es sacado por la tarde a la plaza, donde son sorteados los productos que cuelgan de él mediante papeletas previamente vendidas, y cuyo beneficio se emplea en la cera del Monumento.

   Son éstas como digo tres ejemplos que resumen lo que en éste día ocurre en otras poblaciones, en las que antiguamente quedaban en silencio las campanas como señal de luto y comenzaban a cubrirse los santos de las iglesias con lienzos negros en señal de duelo.

   Hoy en la mayoría de los pueblos siguen sonando nuevamente las campanas, aunque durante años, incluso siglos, la llamada a los fieles durante la Semana Santa se hizo con carracas, cuernas o caracolas, como lo hacían entre otros pueblos, en Navalpotro.

   Como también es costumbre inmemorial que sean las autoridades públicas del municipio quienes presidan las procesiones,. siendo igualmente habitual que los representantes municipales tengan privilegios, digamos extras. en cuanto a la devoción del pueblo hacia sus santos se refiere. En Atienza, por ejemplo, son los concejales del Ayuntamiento quienes gozan del privilegio de introducir en el templo el Viernes de Dolores a la Patrona tras la procesión que concluye en la plaza, donde éstos cargan con las andas relevando en aquél punto a los cargadores del paso, y hago aquí un inciso para repetir cargadores, pues en la inmensa mayoría de las procesiones provinciales los pasos son portados a hombros, en un estilo característico típicamente castellano, ya que en otros lugares de la península éstos son llevados por costaleros, principalmente en Andalucía, que se mueven por debajo de la carroza.
   Y a la hora de hablar de cargadores, yo que lo he sido y sigo siendo, he de reconocer que en muchas poblaciones ocurre en la mía, llegado el momento, faltan hombros que lleven el peso de los pasos procesionales que han de recorrer nuestras calles, mientras que en otros sobran, y en poblaciones como Horche, Sienes o Riba de Santiuste, el porteo de éstos pasos se subasta entre los hombres de la población que suelen acudir a la puja como parte de una promesa u ofrecer determinada cantidad en base a la propia devoción.

   Igualmente y durante éstos días hay visitas casi obligadas, como por ejemplo a los Judíos de Mondéjar, que se conservan en la ermita de San Sebastián. Un conjunto de figuras de yeso que representan las escenas de la Pasión y cuyos orígenes se remontan al siglo XVI, sin que se conozca el autor o autores de semejante número de sencillas esculturas, cada una de las cuales tiene su propia letanía que durante esos días y a lo largo de la visita se va rezando o cantando.
   Otra tradición que ha ido alcanzando renombre y goza de interés creciente durante los últimos años, son las representaciones de la Pasión Viviente que se localizan en cuatro o cinco poblaciones y que partiendo de Hiendelaencina, donde su entonces párroco Bienvenido Larriba la ideó por ves primera hace treinta años, ha ido extendiéndose a otros municipios, como Albalate, Chiloeches o Marchamalo, también aquí introducida por el propio Bienvenido Larriba. Casi todas tienen lugar el día de Viernes Santo y cada representación con su propio estilo, goza de la dedicación y esmero de sus propios interpretes, que alcanzan en casi todos los casos el centenar de figurantes.

   Una costumbre que se ha ido también consolidando en los últimos años es el pregón de la Semana Santa a cargo de alguna distinguida personalidad del ámbito social o cultural de la población o de fuera de ella, aunque siempre o casi siempre relacionada con ésta, pero como éste se localiza únicamente en poblaciones digamos populosas o por decirlo de otro modo con un elevado número de habitantes, y éstas son por desgracia bastante pocas en nuestra provincia, lo pasaremos por alto,

   Lo que si nos llamará la atención si por éstos días nos acercamos por Albalate, por poner un ejemplo, será el sonido agónico de las trompetas que como en otras poblaciones nos anuncian los ensayos de las bandas de música que han de acompañar las procesiones.

   Decía al comienzo que son muchas las personas que durante éstos días marchan en busca de otros horizontes que descubrir pero no es menos cierto que también nuestros pueblos y por unos días recuperan una gran parte de sus habitantes, los alcarreños somos personas de costumbres, y una de ellas es la de volver cuando la ocasión nos es propicia a nuestros lugares de origen, unos vuelven en busca de reposo en la tierra madre y otros muchos atraídos por la devoción que vivieron desde niños hacía los titulares de sus cofradías, parroquias o pueblos. Porque es lo cierto que aún habiendo cambiado de manera importante creencias y costumbres que tuvimos muy arraigadas, y aun a pesar de que a los oficios religiosos que tienen lugar a lo largo del año no se acude en  número elevado,por éstos días, como si fuese una descarga de nuestras conciencias, se llenan las iglesias y las procesiones cuentan cada día con más asistente, e incluso costumbres desaparecidas de nuestros pueblos, comienzan nuevamente a ser rescatadas del olvido, y esto que puede pensarse que es una exageración, es fácil poderlo comprobar, en Hiendelaencina por ejemplo, se llegan a congregar tres o cuatro mil personas para presenciar la Pasión Viviente. La Procesión del Silencio y Santo Entierro de Sigüenza, congrega a bastantes miles de personas más, y esto mismo ocurre en Brihuega, Cifuentes, Atienza, Yunquera o Sacedón, y en la misma medida y a sus propios niveles, en cualquier de nuestros pueblos por grandes o pequeños que sean.

   Pero adentrémonos sin más preámbulos en los días clave de la Semana, Jueves y Viernes Santo, que son sin duda alguna los que congregan de forma clara actos litúrgicos, costumbrismo y pueblo. A lo largo del Jueves Santo tienen  lugar toda una serie de actos, centrados, claro está, en la muerte de Jesús.

   En Milmarcos, durante este día y el siguiente se entonan los cantos propios del Jesús Amoroso:
Jesús Amoroso
dulce padre mío
Pésame Señor
de haberte ofendido.
   En Peñalver, durante la procesión, a la subida de la ermita se entona el Oh Santisima Señora:
Oh Santisima Señora
que estas llena de Dolores
míranos con compasión
a todos los pecadores.
   En Peralejos de las Truchas y mientras tienen lugar el lavatorio se canta una alusión al acto:
El Lavatorio Dios mío
pido con humillación
que purifique mi alma
sentidos y corazón.

   Y así podría seguir poniendo ejemplos de cantos propios que a lo largo de siglos se han ido interpretando hasta llegar a ser en muchos casos una seña de identidad propia de los diferentes pueblos,. pero hay más casos, en Santiuste, por ejemplo, en éste día salían los niños cantando letanías acompañados de carracas que ellos mismos se hacían para pedir el aguinaldo y celebrar posteriormente la Pascua de Resurrección. En El Sotillo se reunían las mujeres en la iglesia del pueblo para rezar 33 credos ante el Monumento sin volver la cabeza hacia atrás.

   Y por supuesto las cofradías. Anteriormente esbocé a grandes rasgos algunas de ellas, pero sin lugar a dudas son Jueves y Viernes Santo sus días principales. Rara es la población grande o pequeña que en éstos días no reúne a sus cofrades en torno a las procesiones o los oficios. He hablado antes de Milmarcos u lo vuelvo ha hacer ahora para hablar de sus cofradías, la de Capuchinos y la de los Coraceros, éstos a semejanza de los seguntinos salen en procesión vestidos de coraceros y su mayordomo tiene que dar un refresco tres veces al año a sus componentes, Jueves y Viernes Santo, limonada y los días de la Cruz e Mayo y Cruz de septiembre, aperitivos y pastas.

   En Brihuega hubo varias cofradías, la Vera Cruz y Preciosa Sangre de Cristo, fundada en 1560, propietarias de los pasos de la Oración del Huerto, El Prendimiento , La Flagelación, la Cruz a Cuestas y la Crucifixión. La de la Soledad y Santo Entierro, propietaria de los pasos de la Soledad y del Santo Sepulcro se fundó en 1630 y en 1733 se fundó la de la Soledad de Nuestra Señora, que poseía los pasos de la Piedad y de la Cruz Desnuda. Algunos de estos pasos se siguen conservando, aunque las tres cofradía quedaron en el recuerdo.

   No es nada habitual que esto ocurra y si que aquellas fundadas hace tres o cuatro siglos sean las encargadas de dar realce a los cultos propios del Jueves y Viernes Santo, tomando parte activa de la función.

   En Atienza son las cofrades de la Vera Cruz quienes intervienen en el lavatorio, cosa habitual en otras poblaciones aunque también las hay en las que este se lleva a cabo entre voluntarios del propio pueblo o entre los más mayores y los más pequeños, como en Valverde de los Arroyos, donde los niños en éstos días lucirán una parte de la vestimenta de los danzantes de la octava.

   Pero el Jueves Santo encierra dentro de la provincia todo un caudal de sentimiento religioso y veneración costumbrista, cuya enumeración haría interminable ésta charla.

   Los sentimientos propios de cada población quedan resumidos en la muerte de Cristo y en el silencio, un silencio que se palpa por los cuatro puntos cardinales de una Guadalajara que se vuelve sentimental, para observar, envuelta en su silencio el penoso discurrir a través se calles, callejas y callejones, el paso grave del Nazareno, del Ecce Homo, del Cristo azotado, humillado y coronado de espinas, seguido por su madre, La Soledad, la imagen doliente de la madre, enlutada, y más resplandeciente que nunca, siguiendo los pasos del hijo, a veces acompañada con un desgarro de trompetas, un batir insistente de tambores, una cruz procesional que hace de guía, y un canto,. un lamento que parece latir en todos los corazones.

   Y la noche, con el desfilar penitente se hace si cabe más noche, más silencio, más pesadumbre y más intensidad, y ante el Monumento hombres y mujeres y cofrades velan ante el oscilante vaivén de las velas, el cuerpo muerto, presente y ausente a un tiempo, de ese Nazareno que poco antes ha quedado, atado a su columna, amarrado a su cruz, en la soledad ascética de cualquiera de nuestras ermitas.

   Y cuando raya el alba ese silencio penitente vuelve a romperse con el canto del Vía Crucis que por Albares lleva hasta el cerro de las Cruces, su particular Calvario, o hasta lo más alto del cerro de Atienza, para descender aquí hasta la iglesia de La Trinidad. donde en larga fila de penitentes se adoran las Santas Espinas, una reliquia del medievo que contiene, según asevera la tradición, dos espinas de la corona de Cristo, otra, según la misma aseveración popular, se encuentra en Prados Redondos.

   Y de nuevo la espera, larga e intensa del día, para que cuando caiga ya la noche, el cuerpo yerto, yacente del Cristo muerto en su sepulcro, acompañado ahora por la madre Dolorosa, emprenda nuevamente el camino de la soledad de la ermita. Es la procesión del Silencio y Santo Entierro, que nuevamente rompen los cantos:
Esta noche se oscurece
entre la una y las dos
en ver que mi Dios ha muerto
de luto se cubre el sol.
   Así cantan en Ocentejo, como parte de La Pasión, y en Orea, como parte del Entierro:
Ay que triste es el entierro
de nuestro amado Jesús
que por culpas y no suyas
quiso morir en la cruz.

   La puesta en escena de la procesión del Santo Entierro tiene a lo largo de la provincia multitud de variantes en las que a partes iguales entran en juego la devoción, el costumbrismo y la tradición.

   En Milmarcos la procesión tiene lugar a primeras horas de la mañana y en ella toman parte los coraceros, escoltando el Santo Sepulcro , a semejanza de lo que los Armaos hacen en la noche seguntina, en Ocentejo la procesión estaba presidida por las Mozas del Ramo, total,ente enlutadas, en Solanillos del Extremo. mientras todo el pueblo acudía a la procesión, los mozos que estaban cumpliendo el servicio militar y habían vuelto al pueblo por esos días, se quedaban en sus calles vigilando la casi desierta población. En Bujalaro antes y después de la procesión, las Mozas del Ramo pedían aguinaldos para su merienda del domingo...

   Y extremecedor vuelve nuevamente a ser el silencio que se hace en Sigüenza al descorrerse el cerrojo de la puerta del asilo para que pase Jesús, el rey de los Judíos, y de punta a punta de la provincia, una serpiente viva y flexible de luces, al ritmo de un cortejo de cantos, siempre, siempre penitente, rodea una ermita y retorna con una Dolorosa, más entregada si cabe a la soledad, en espera del gran júbilo que el encendido de la hoguera pascual y el repique de campanas el sábado de Gloria, anuncie el momento de la Resurrección, un momento esperado en muchos lugares, como Sotodosos, donde de madrugada se reza el rosario de la Aurora, tras el cual los hombres que asisten, muchos de ellos retornan al pueblo para la ocasión, se reúnen para celebrar el triunfo de Cristo sobre la muerte, comiéndose un cordero.

   Y con el despunte del alba tendrán lugar por todos los puntos un encuentro, el de la Virgen, que ya no es Dolorosa ni está en Soledad, con el Cristo Resucitado, convertido en muchas poblaciones en un Jesús infantil, mientras vuelven los cantos, esta vez entusiasmados, que anuncien la Pascua florida.

   Y en éste día, la queda del Judas pone punto final en muchas ocasiones a la Semana Santa.
   Todos sabemos puesto que es una costumbre extendida por toda la provincia, lo que es el Judas o Pelele, ese muñeco de trapos viejos relleno de paja que sirve unas veces de mofa y otras de divertimiento, y en el que se descargan las culpas de la muerte de Jesús, desapareciendo él en venganza, una vez que el triunfo de la Resurrección ha llegado a su fin.

   Un canto, el de Cogolludo a su Pelele, nos puede resumir todos los que tienen y tuvieron lugar en la provincia, ya que habitualmente su quema se acompaña de cantos alusivos al personaje ridículo que se trata de representar:
   El pobre pelele
está en la escalera
porque a la pelela
le duelen las muelas.
El pobre pelele
no tiene colilla
porque se la ha cortado
la tía Galleguilla.
El pobre pelele
está en la estación

y pa su desgracia
vino sin calzón.
El pobre pelele
sentado en un banco
comiendo morcilla
y cagando tabaco.
   Y aquí, en Cogolludo, el pelele, que en todos los pueblos es un símbolo con caracteres propios, se cuelga en la plaza el sábado de Gloria, se mantea, canta, insulta y ridiculiza por las mujeres tras la procesión del Encuentro, y tras el día de fiesta, por la tarde, se quema. En Navalpotro se colocaba en el campanario de la iglesia para ser volteado con las campanas anuncio de la Resurrección, y ser arrojado desde lo alto del campanario al paso de la procesión. En Luzón se quema en la plaza Mayor en las últimas horas del sábado de Gloria. En Villar de Cobeta son los niños quienes confeccionan y vapulean su Judas, y en Zarzuela de Jadraque, perdida la costumbre tras la emigración, no hace demasiados años que el ayuntamiento de la localidad con el fin de recuperarla, ideó un concurso de judas entre los chicos y chicas del lugar, habiendo años en los que se queman cinco o seis, a cada cual más grande y rocambolesco, como resto de los que antaño se hacían, la preparación el sábado de Gloria por parte de los mozos que entraban en quintas, de un muñecote de gran tamaño en el que empleaban palos, paja y ropas viejas, haciendo en la mañana del domingo a través de las calles por las que discurría la procesión, surcos de paja que conducían al lugar del que colgaba el pelele que era quemado a la salida de misa. En Milmarcos se "ahorcaba" del gran olmo que durante siglos presidió la plaza.

   Escenas semejantes se vivieron y viven en Palazuelos, donde se quemó en el transcurso de la procesión, en Berninches, donde montado en un burro era paseado por el pueblo para acabar en la hoguera. En Castilmimbre, donde se le añade un collar de huevos y se derriba de la picota de la que cuelga, a pedradas, repartiéndose los huevos entre los chiquillos, al igual que se hacía en Bujalaro, donde se quemaba al paso de la procesión. En Barriopedro, donde se colgaba de un lado a otro de la calle principal. En Anquela del Ducado, Villanueva de Alcorón, Solanillos del  Extremo, y tantos otros más, con la curiosidad, la única que al respecto he encontrado, de Valtablado del Río, donde los mozos hacían su Judas, y las Mozas del Cristo confeccionaban una Judesa, que quemaban tras la procesión.

   Son las últimas celebraciones de la Cuaresma, el triunfo sobre la muerte que todavía en algunas poblaciones tiene su remate festivo con la tradicional merienda del hornazo en Tendilla o en Yélamos de Abajo, donde los chiquillos acuden a las eras del Calvario a "rilar el huevo", rodar el huevo duro que contiene el hornazo, regalo de la madrina, para que desprenda la cáscara.

   Esto es nuestra Semana Santa, la semana santa alcarreña, con sus costumbres y tradiciones, que para que sean conocidas y apreciadas en su punto justo, no debemos perder ni olvidar, yo por mi parte con éste breve resumen, concluyo con una despedida, la de Robledo de Corpes en su procesión del Encuentro:
A los que llevan la Virgen
Dios les de salud y gracia
y a nosotros para cantar
muchos años en la pascua.
Los que llevan a Jesús
felices pascuas les damos,
que según le llevan hoy
que lo lleven muchos años.
Alcaldes y Regidores
y a todos los aquí presentes
que pasen felices pascuas
muy contentos y muy alegres.

Muchas Gracias.